La otra cara de la vida


El día sábado volví al aeropuerto, pero con un objetivo muy distinto al de hace unos años atrás, el cual fue acompañar a cumplir el sueño de mi amado: conocer a su guitarrista favorito. Tengo que decir dos cosas: la primera es que prefiero dejar en privado el nombre de ese artista, aunque pudiesen adivinarlo y, lo segundo, es que finalmente no pudimos llegar al propósito de ese día de, al menos, verlo o pedirle sólo una fotografía (sé que suena groupie y un poquito trivial todo esto, pero para mi hombre era un tema emocional muy profundo, a lo que yo voy a acceder por razones sentimentales obvias).

Fue extraño volver, porque ya tenía una etiqueta del lugar como un "mal recuerdo del pasado", sin embargo, me pude dar cuenta que ya no queda mucho de ese sentir con respecto a esos lares. Y claro, recordé un poco de los casi 20 años que tenía por ese entonces y todo lo concerniente a mi existencia en dicho momento: inexperiencia, confusión, inmadurez emocional y poca fe en mi misma. No obstante, aún conservo mi sensibilidad, mi deseo de aprender (y desaprender, ¿Por qué no?) y mi entusiasmo.

Escribo porque me llama la atención algo que hace un par de años me comunicaban las personas que más me conocen y siempre estarán conmigo (parte de mi familia). Y es que finalmente, comprendí que todo es más que una circunstancia y a su vez es una enseñanza; este viaje de retorno a ese lugar tiene en sí un acto de volver a crear conceptos en mi mente, especialmente sobre la posición que tengo en el mundo y el significado del amor, el cual en este momento es lo que realmente guía mi vida. En ese entonces, por el año 2005 también, pero sólo en algunos fragmentos de mi historia. Ahora es una totalidad que si no he alcanzado, aún quiero hacerlo. Y estoy feliz, se me dibuja una luna menguante en la cara y aunque me negaba hace unos años, sé que me esperaba algo mejor y ese tiempo es AHORA.



~Exhale sus profundidades

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