No hay nada mejor que una persona espontánea y transparente, aquélla donde su motor es la expresión de vida. Es esa persona que uno puede reconocer y que no esconde nada, es sincera, no hay nada que sea contraproducente entre lo que piensa, dice y su accionar. Aquélla que reconoce sus propios errores y que respeta al otro en sus tiempos y meditaciones. Ese ser que no se avergüenza de sí, puesto que no tiene por qué razón hacerlo; que no culpa el resto de sus propios conflictos internos y externos. Quien considera una mirada de tristeza, alegría o algún duelo que pueda estar atravesando otro ser, que puede ser la prolongación de su propia existencia. Aquél que es leal con su amado - y consigo mismo, sin duda - y muestra al mundo emociones y sentimientos limpios sin secretos. Aquélla persona que acoge en vez de excluir y que ante sus necesidades, espera. Y, asimismo, aquél ser que tranquiliza y no agobia; se dignifica a través del trabajo personal y transmite unión a sus semejantes. Ese ser es sinónimo de libertad sin final.

hermoso escrito, muy verdadero y bello!
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