En nuestras vidas se cruza mucha gente. Algunos pasan a nuestro lado, sin siquiera darnos cuenta, mientras otros de alguna forma nos impactan, de tal manera que cuando pasa el tiempo y ves que han cambiado demasiado, duele muchísimo. Pero de esa misma forma como impactan, tenemos la potencial capacidad de abrir los ojos y sacarse de adentro tanto vertedero emocional y mental. Porque sí, duele cuando la gente cambia tanto que hasta sus roles mutan de amigo a alguien más o menos desconocido.
Así también, duele cuando uno cambia. Duelen los huesos, duele desde lo periférico hasta lo más subjetivo. Y comenzamos a mirar nuestras huellas cómo han sido. Uno cree que sólo lo hace cuando llega la vejez, aunque no lo dudo que se puede dar. Sin embargo, como seres pensantes tenemos el poder de la reflexión, de meditar lo que fuimos y lo que somos. Llega un momento que la vida nos encara qué estamos haciendo ahora y nos dice "sigue, continúa y no mires atrás"; desde entonces, nos ofrece el valor de la determinación. Tomar decisiones sin vacilar, dejando esa piel que ya no encaja con el alma, así uno pasa de ser una oruga a una especie de mariposa. Es decir, de un período larvario a entender la realidad por lo que es y podría ser si uno se lo propusiese.
Pero la vida es sabia y nos enseña cuando es momento de sacudirse y determinar el qué, cómo y por qué es necesario elegir el desapego para florecer nuevamente... Quizás el dolor de lo transformado nos marque, pero nos sirve para revisar nuestros logros y desafíos. Hay que destruir los viejos paradigmas y deliberar.
Dejo dos temas, uno que me enviaron en un momento oportuno y otro que también cuando lo encontré fue oportuno:
~Exhale sus profundidades
Publicar un comentario en la entrada
~ Exhale sus profundidades