Muchas situaciones han cambiado. Han cambiado las caras, los momentos, algunos pensamientos y ciertas emociones. Pero yo sigo aquí; viva y sensibilizada de lo que se mantiene y habituada en lo previsto. Y es porque yo así lo quise, así decidí y es bueno sentir que la gran mayoría ha resultado un acierto con aprendizajes, claro está. Porque no es en vano decir que la vida es un eterno ensayo y error, pero no como un engranaje, sino como algo que requieres pulir un poquito más. Doy infinitas gracias por los momentos estrellas y aquéllos que se convirtieron en supernovas, recordando a su vez cómo y por qué poder sonreír.

La vida es una flor que se marchita agradeciendo
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