Distancia

Estoy segura que si no iniciara sesión en alguna red social que frecuento (como Facebook) las cosas seguirían como siempre. Segura también que, como los años anteriores, si dejo de ver el Festival no habrían muchas situaciones interesantes que comentar, porque la mayoría de las personas veneran personajes que luego olvidan. Segurísima también que las personas que se vuelven ecológicas y conscientes mediante el Internet, no irán a marchas en espacio físico, pero también los que critican a los anteriores no tienen el mínimo empuje para arreglar sus propias vidas y en silencio van a escuchar su Mp3 de algún músico de moda desde su Ipod o Blackberry (no importa si es moderno, pero por lo general eligen un neofolklorista-trovador) y se hacen los hipsters, porque parece razonable e intelectual "en un mundo tan chabacano y doble estándar como éste". Segurísima que se seguirán replicando estereotipos derivados de estilos musicales, pero no sólo en la adolescencia, sino que para mi sorpresa, hasta un poco más allá de los veintitantos y que esto a algunos les aumentará la posibilidad de que crean que son más sociables que el resto y que tendrán tras suyo un séquito de discípulos que consentirá todas sus preferencias musicales y personales (y lamentablemente, también replicarán). Y estoy muy segura que aún habrá gente que tachará de conservadora a otra que crea en el matrimonio, los hijos y el querer estar con una persona durante toda la vida, ignorando que esas ideas son bastante amplias en su proceso. Así como habrá otras que validarán que una persona continúe su relación con otra por más de 30 años sin comprender una complicidad siquiera. Y aún más, confirmo mi seguridad con que seguirá la gente creyendo conectarse en cuestiones importantes, publicando por Internet sus salidas, sus carretes, sus fiestas, sus vacaciones o el lugar dónde están, mirando las teclas de un teléfono sin siquiera mirar al frente y descubrir que hay mar, un bosque o un amigo que sólo quiere que lo escuches. 

Y también, me encuentro segura de que esto que estoy escribiendo puede parecer más bien un discurso negativista y algo confrontacional, que puede herir susceptibilidades. Quiero dejar en claro que no me siento disgustada en nada de lo que se vive, sino más bien disconforme a ratos con parte de la actualidad que se me ofrece y al ser observadora de tanto, me saturo un poco y me resulta un poco incómodo callarme. 

Todo este mes y parte del anterior quise escribir sobre ésto, pero no podía ordenar las ideas para hacerlo de la mejor manera. Y creo que hoy logré el objetivo. Y doy gracias, porque estoy sugiriendo que algo debe cambiar en gran parte de lo que acontece en el presente. Tal vez parezco egoísta, pero la egodistonía de mi realidad me dice que no quiero participar más de lo que me genera ambigüedad y desviar la atención de los otros es algo importante. Tengo derecho a pensar alguna vez en mí y me hace bien, se siente bien.

La mano en el bolsillo

Comía frutillas, mientras veía música adorable que reinó gran parte de mi existencia y entonces, me invadieron un montón de emociones y pensamientos extraños, como la incomprensión de este día que está tan brillante y soleado versus la gran sensación de aburrimiento que tengo a esta hora de la tarde, la cual sé que se esfumará pronto, porque no suelo ser ese tipo de personas que se mantiene sedentaria en los sentires, más aún cuando sé que se tratan de sólo emociones. Sé que al final del día hay que mirar la puesta de sol para recoger el último momento.



Hacia el mar

Lo bonito de la vida entera es cuando te da oportunidades de poder disfrutarla. Cuando te hace recuperar el significado de lo olvidado temporalmente y se apodera de ti una fuerza sobrenatural llamada fe o confianza por lo que acontece.

Las caminatas en una caleta sin fin, por doquier, tanto en las orillas del mar o subiendo un cerro empinado, sentir las olas y el agua en mis pies anuncia que estamos más conectados a la naturaleza de lo que en realidad creemos y por añadidura, la simpleza siempre está, sólo que estamos tan distraídos en el estrés colectivo, en aumentar nuestro ego hablándole al mundo de lo que nos menoscaba (cuando debería ser al revés, para trascender de nuestro ego), en creer en sólo la distancia que nos enceguecemos mentalmente.

Hay que lograr la unión con lo nuestro, con nuestras raíces y con los mejores pensamientos también. La mejor forma de comprenderlo para mi fue subir a lo alto de un cerro, sentirme cerca del mar y ver el horizonte. Tengo esa imagen muy interiorizada en mi corazón y será difícil de olvidar por un buen tiempo. Observé toda mi vida ahí, pero entendiendo que este día es lo que me abraza. Sentí los brazos de mi amado y me di cuenta que esto es lo que quiero, que los sueños son un cúmulo de rayos de sol que me iluminan, que el tiempo aunque es oro y me lo habían descrito de tantas maneras, va conmigo y hay que preocuparnos más de cosechar que recuperar las semillas y volver a plantarlas una y otra vez.

Gracias, Horcón. Volveré pronto.